Crónicas

Crónica del 25 aniversario del FIB (I): melancolía veraniega en Benicàssim

El inicio del 25 aniversario del Festival Internacional de Benicàssim tenía nombre propio: Lana del Rey. La artista neoyorquina pisaba por segunda vez un festival español (Vida Festival, 2014), postulándose como una cita imprescindible para sus fans más acérrimos. Y pese a que el FIB comenzaría con la jornada inaugural del jueves, sería el viernes el primer gran día esperado por los fibers.

El jueves hacia las 4 de la madrugada se cerraba el recinto. Pues bien, menos de 12 horas después ya había gente haciendo cola bajo el sol abrasador para ver a Lana del Rey en el mejor sitio posible. Aunque el recinto se encontraba a medio gas (31.000 asistentes según la organización), las primeras filas estaban abarrotadas. El público peleaba por cada metro para estar más cerca de una de las divas más aclamadas e impredecibles del panorama musical. Sin ir más lejos, el concierto comenzó con treinta minutos de retraso, haciendo que algunos asistentes que aguardaban a Lana del Rey se impacientasen por haberse perdido el solape con La M.O.D.A.

Tras la interminable espera, comprensible por la gran cantidad de equipamiento que hubo que mover tras el espectacular despliegue de medios de The 1975, salió Lana del Rey al escenario. Con una estética y saber estar en el escenario que la definen, calmada y con aires bucólicos, se dispuso a cantar temas de todos sus trabajos. Hay que reconocer que no sonó tan bien como en un concierto propio y que algunas canciones sonaron un poco desconectadas entre sí, pero es lo que tienen los conciertos de festivales (aunque a nivel de escenografía trajo hasta Benicàssim el set completo que utiliza en sus giras). A nivel vocal y musical sonó impecable, envuelta en un halo bucólico por su forma de cantar y moverse. Sin duda causó un gran revuelo entre el público, que coreó las canciones más conocidas. Sobre todo en las primeras filas, donde sus fans más incondicionales se le echaron encima cuando bajó el foso a saludar y firmar autógrafos.

Hay que reconocer que fue un momento histórico, le pese a quien le pese, ya que Lana del Rey únicamente ha dado cuatro conciertos en España. Dos de gira y dos en festivales, siendo el 25 aniversario del FIB una de esas cuatro fechas. A pesar de esto su concierto ha recibido críticas por ser “aburrido”. Al parecer hay quién va a ver a Lana del Rey y pretende ver un espectáculo de láseres al estilo de Muse obviando que son estilos muy distintos y que, en cuanto a gustos, no hay nada escrito. Finalmente, añadir que nos hubiera gustado ver a los autores de la bochornosa crónica del concierto de Lana del Rey en algún otro famoso concierto del festival como el de Portishead de hace unos años, a ver si tienen el valor de publicar que “aburren a las piedras”.

El concierto de Lana del Rey sirvió como colofón a una jornada donde el pop se impuso en Benicàssim. El escenario principal lo abrieron el cuarteto The Big Moon. La banda londinense consiguió reunir a un buen puñado de gente (principalmente británicos) en la apertura del Escenario Las Palmas pese a solo contar con un disco. Indie rock endulzado y coreable como demostraron con Cupid como cierre. Poco después llegaría el turno de Superorganism. Este colectivo multicultural destacó tanto por su sonido pop tan alborotador y tan Of Montreal como por sus proyecciones psicodélicas cargadas de luminosidad y animales. Además, la frontwoman Orono Noguchi confesó que Harry, guitarrista de la banda, es un auténtico fiber, ya que el de Benicàssim es uno de sus festivales favoritos. Y también avisaba: “Next year we want to come back as headliners!”. Para terminar el concierto, como si se tratara de una pequeña fiesta, tocaron sus temas más conocidos; Everybody Wants To Be Famous y Something For Your M.I.N.D. sirvieron de cierre, acompañados por un público encantado con el divertidísimo concierto que acababan de vivir.

Sin tiempo para hacer el cambio, Yellow Days empezaba a rasguear los primeros acordes en el Escenario Carrefest. El mismo George van den Broek (alma máter del grupo) definía su música como “canciones para fumar marihuana y sentirse triste por una chica”. Su voz de crooner inundó todo el espacio alrededor, si bien parte del público parecía no llegar a conectar con una propuesta tan honda. A pesar de ello, temas de su primer EP como A Little While Gap in the Clouds fueron tímidamente cantadas en unas primeras filas enamoradas del carismático músico.

Yellow Days. Fotografía: Iván S. (FestFurz)

Y mientras Yellow Days se mostraba sobrio, pero cercano, en el Carrefest, unos pocos espectadores disfrutaban expectantes del variopinto Gus Dapperton. Inexplicable solape, sabiendo que comparte el mismo tipo de público, si bien la propuesta no es exactamente igual. Gus Dapperton presentó un pop más sintetizado, con una actitud hiperactiva y divertida, invitando a bailar al ritmo de canciones como I’m Just Snacking, su momento álgido en el tramo final del concierto.

Y si empezábamos la crónica anunciando a Lana del Rey como indiscutible cabeza de cartel, The 1975 empiezan a arrastrar al suficiente público británico como para convertirse en un futuro headliner. Y eso que no lo tenían fácil con el solape de Gerry Cinnamon, uno de los artistas que más ha crecido en las islas a pesar de su poco tirón en España.

El grupo liderado por Matt Healy volvía al FIB tras su paso en el 2016, con un despliegue de medios nunca antes visto. Colmaron el escenario con pantallas y proyectores, haciendo que a nivel visual el show fuera un auténtico espectáculo, además de contar con la ventaja de presentar un disco más maduro y aclamado, A Brief Inquiry Into Online Relationships (2018). A pesar de ello, el concierto se les hizo más plano y cuesta arriba. Con momentos de gran brillantez (Love It If We Made It), pero también con escenas casi surrealistas como la del líder bailando a modo cheerleader con las bailarinas. A pesar de dejar un buen sabor de boca como tónica general, The 1975 dejó la sensación de que simplemente estaban haciendo un concierto más y que Benicàssim no era más que otra parada en su gira.

 

Un jueves para olvidar

Uno de los aspectos más criticado del 25 aniversario del FIB es su severo recorte en la jornada del jueves. Tras varios años donde el primer día del festival estaba a la altura del resto (para recordar aquel memorable jueves del 2017), el jueves del 2019 se reducía a un solo escenario (el secundario) más el South Beach, la zona de DJs que repetía en una nueva ubicación y se convertía en todo un éxito (en las horas nocturnas siempre estaba lleno). Aunque el dato más objetivo del fracaso del jueves es la asistencia: 18.000 personas respecto a los 40.000 del año anterior.

Por tanto, este año el jueves nos serviría como un aperitivo para prepararnos en vistas a lo que serían los días venideros. Con nombres de pop rock internacional como Marina o Kodaline consiguieron que una buena parte de los fibers se movilizaran para empezar a disfrutar del festival desde el primer día. Sin duda, para la mayoría de fans de Lana del Rey el plato fuerte era Marina. Tras salir de su parón profesional, la expectación era alta por ver cómo era su regreso. Y la verdad es que no decepcionó. Contó con acompañamiento de bailarines y efectos visuales, además de demostrar que a nivel vocal es capaz de dar la talla. Fue un buen concierto además de divertido y entretenido.

Marina – Fotografía de Sergio B. (FestFurz)

Tras Marina era el turno de Kodaline, que con un estilo mucho más calmado salieron al escenario, sirviendo exactamente lo que venden. Sonaron perfectamente, dando un concierto tranquilo y sin mucho sobresalto, bastante más plano que el de Marina. A continuación, el pop daba paso al rap/electrónica con los conciertos de Action Bronson y Fatboy Slim que fueron los encargados del cierre de la jornada de bienvenida. Derrochando energía sobre el escenario, dieron el empujón que necesitaba la noche para terminar por todo lo alto. Concretamente con el espectacular fin de fiesta con Fatboy Slim, quien tiró de su experiencia sobre la mesa de mezclas.

Crónica: Sergio B. e Iván S.

Fotografías: Iván S. y Sergio B.