Crónicas

Primavera Club 2017: en la pluralidad está la clave

El Primavera Club ya está más que consolidado como una de las grandes citas de otoño en Barcelona y, esperamos que a partir de ahora, lo siga siendo también en Madrid. A continuación repasamos los tres días de festival en la capital catalana, donde el festival se celebró tanto en la Sala Apolo, como en una reformada (para bien) La [2] y en el Centre Cultural Albareda.

Cabe destacar que ha sido una edición que ha apostado por la variedad musical, si bien las guitarras en diferentes formatos han tenido mucho peso. Asimismo, se han primado propuestas jóvenes y emergentes, permitiendo al público conocer los nombres que coparán los festivales del mañana.

VIERNES

La primera jornada en Barcelona la abría el grupo madrileño FAVX, los cuales tuvieron el honor de estrenar La [2]. A pesar de ser las primeras horas, varios asistentes se congregaron para escuchar a la banda, la cual se bañó en un ambiente oscuro desde el primer momento. Y no se trata de algo abstracto, ya que era difícil ver a Nicolás en la batería, si bien su pegada retumbaba en la sala. Ensordecedores, FAVX mostraron claras influencias del punk y hasta del grunge, guiño que no podía faltar en un tema como Born in the 90s.

Y de la oscuridad de La [2] fuimos a la luz de la Sala Apolo, donde Aloha Bennets esperaban con su garage tropical. La banda contaba con amigos entre el público, los cuales no dudaron en tararear temas tan bailables como Varadero. Destacable la complicidad existente sobre el escenario; más concretamente entre Olga, Cris y Mireia, que formaban un robusto tándem bajo el ritmo de Álvaro a la batería. Sin ninguna duda, tocar en la sala Apolo fue un justo premio para este cuarteto catalán.

Aloha Bennets // Fotografía de Alba Rupérez

Poco después en esta misma sala se daría el que, posiblemente, sea el concierto del que más se hablaría. Arrow de Wilde, líder de la jovencísima banda Starcrawler, llevó el exhibicionismo a otro nivel, convirtiendo el concierto en una auténtica locura. Ataviada con una coquilla de diamante, dejó para la retina numerosas imágenes: el pino puente, su gestualidad facial, las manchas de sangre (falsa) en la boca y camiseta, “masturbarse” con el micrófono… A pesar de todo esto, la música también estaba muy presente, ya que Starcrawler hacen un punk rock potente, muy influenciado por la época setentera y el glam. El concierto acabó con de Wilde saltando al público y agarrando a quien se encontraba por delante en una especie de ataque de locura. Tras huir de forma precipitada a los camerinos, el guitarrista Henri Cash bajaría para acabar con un riff entre la mirada de los espectadores, los cuales tenían un ojo girado hacia los camerinos con cierto pavor por si volvía de Wilde.

Un poco más tranquilos fueron Gold Connections, los cuales habían generado altas expectativas entre el público. A mitad camino entre el indie rock y el emo, el grupo no llegó al hype generado, a pesar del correcto concierto que hicieron. Aunque se atrevieron con versiones de Grateful Dead o Bob Dylan, cuando la banda ganó enteros fue en las demostraciones de rabia interior, cuando la voz de Will Marsh desgarraba La [2]. En esos momentos la banda nos recordaba a Pavement o incluso a Dylan Baldi, de Cloud Nothings, en un estado emocional.

Gold Connections // Fotografía de Alba Rupérez

PAULi ya había comenzado antes que acabase Gold Connections. Con un hip hop electrónico e influencias de ritmos africanos, el artista londinense se mostró muy dinámico sobre el escenario. No obstante, y pese a que técnicamente no se le puede reprochar nada, le faltó firmeza para llegar al nivel de artistas como Sampha, al que nos recordaba (salvando las distancias) en alguna ocasión.

Y tras un extenuante comienzo del Primavera Club, llegó el ojo del huracán: Girl Ray. La banda británica liderada por Poppy Hankin se mostró inofensiva sobre el escenario, siendo desacorde al resto de la programación del día, la cual destacaba por ser más enérgica. Pese a la positiva actitud del grupo y a la buena voz de Hankin, el grupo no supo hacerse oír más allá de las primeras filas, donde los murmullos no ayudaron en el concierto.

Los que no dieron pie a aburrimiento entre el público fueron DBFC en la sala Apolo. El dúo formado por el mancuniano David Shaw y el productor francés Dombrance fue un éxito rotundo entre el público. Con su fusión de electrónica marcada por la elegancia francesa y guitarras más shoegaze, la banda puso a bailar a todos los asistentes, que no dudaron en dejarse llevar. Melodías como las de Jenks Autonomic entraron fácilmente al público, en lo que fue un concierto electrizante. Como curiosidad, David Shaw consiguió que la gente le cantase Happy Birthday a Dombrance, el cual cumplía años ese día al igual que PAULi, que se quedó sin felicitación.

DBFC // Fotografía de Alba Rupérez

Y de éxito de baile a éxito de rock en La [2] de la mano de Medalla. El grupo tocaba en casa, lo cual se notó en unas alocadas primeras filas que no paraban de corear los himnos de la banda catalana. Pese a su corta vida, el grupo se ha ganado con mérito la fidelidad de varios fans, y es que no es para menos. El concierto estuvo cargado de un contundente rock y de epicidad, mostrando también cierto simbolismo político referente a la situación actual catalana. Ejemplo de ello fue cuando bautizaron como “Artículo 155” a la canción Deporte en vano o cuando corearon, de forma irónica, ese “Hacienda somos todos, España somos todos”, que sacó media sonrisa a gente del público.

El productor Cristiano Crisci presentó su proyecto Clap! Clap! en formato banda, acompañado por dos baterías y un bajo. Cristiano no paró de moverse al ritmo que pinchaba, ofreciendo un concierto frenético en el que predominaba el house acompañado de elementos más cercanos al UK Bass o incluso ritmos africanos. Más traya en lo que sería el principio del fin de fiesta del viernes.

Flat Worms era otro de los nombres que habían llamado la atención antes del festival, parte en culpa a los antiguos grupos musicales de procedencia de sus integrantes. Pese a que tuvieron algún problemas técnico con la guitarra, la banda destacó por un sonido puramente fuzz envuelto de toques psicodélicos. Similares a un rabioso Ty Segall (normal, con Tim Hellman en el grupo), pero sin el carisma de éste sobre el escenario, derrocharon energía en todo momento. Concierto corto que acabó con una abrumadora Red Hot Sand.

SÁBADO

La jornada del sábado arrancaba por la mañana con los conciertos abiertos del Centre Cultural Albareda. Pese a que descansar después de una locura de noche era el plan predilecto del asistente medio, podemos asegurar que se equivocaron.

Como ya habíamos previsto en nuestras recomendaciones, Cor Blanc dieron unos de los mejores recitales del festival. Los espectadores no dudaron en sentarse en el suelo y dejarse cautivar por el nítido synth pop del dúo formado por Mireia Bernat y Sergi Serra. Se presentaron con una simple pero cuidada puesta en escena, en la que los dos músicos se separaban por una mesa improvisada repleta de objetos: flores, figuritas, botellas… Además, la proyección de otros objetos cotidianos (incluso de forma caleidoscópica) propiciaron que el público pudiese sumergirse en sus cándidas melodías. Acierto de Luup Records de ficharlos, lo que sigue confirmando que es uno de los sellos con mejor visión en la industria. A destacar el tema Alice, una de las canciones del año.

Cor Blanc // Fotografía de Alba Rupérez

Camila Fuchs sería quien acompañase a Cor Blanc en lo conciertos gratuitos de la mañana. Su música sirvió como contrapunto, consiguiendo crear un ambiente de oscuridad en la sala. Con el público aún sentado, elementos analógicos y sonidos experimentales cobraron protagonismo mientras la voz de Camila inundaba la estancia.

Ya por la tarde, la Apolo volvería a tomar el relevo, empezando de nuevo en La [2] los conciertos. Sería el turno de Jorra i Gomorra, grupo de origen balear que sorprendía por su variedad de registros: desde el pop melódico más poético, donde parte del público bailaron cogidos, hasta un rock más contundente con guitarras más propias de los Pixies. Este matrimonio de estilos se simbolizaba en la guitarra con la imagen del escritor Gabriel Galmés, detalle que no pasó desapercibido. El grupo supo entrar bien en aquellos que se acercaron a escucharles y que hicieron caso a aquel estribillo que decía: “tot anirà bé si no oposau cap resistència”.

De Poolshake no sabemos qué gustó más entre el público, si su luminoso concierto o los comentarios de Riviera Johnson entre canciones. La cuestión es que se ganaron al respetable. Con hits (aunque no sea una palabra que les guste demasiado) como Golden Smoothie o Nebraska dejaron claro que “Murcia no es el nuevo Lepe” y la escena musical de allí está muy viva. Sin duda tendremos que estar muy atentos a su carrera, ya que prometen ser una de las sensaciones de los festivales del próximo año.

Poolshake // Fotografía de Alba Rupérez

En la misma sala Apolo actuarían poco después Smerz. Pese al apoyo de la prestigiosa firma XL Recording, sobre el escenario encontramos a un grupo gélido (y no porque fuesen nórdicas). La música del dúo iba desde los sonidos más experimentales de la electrónica hasta el R&B, lo que supuso una vía de escape de entre tanta guitarra para varios de los asistentes.

Y entonces llegó el momento. Allí, en La [2], en el Primavera Club, fuimos testigos del concierto de una estrella. Pese a que la comparación con King Krule es inevitable, sobre el escenario lo que vimos fue a un jovencísimo músico brillar con luz propia. Y es que el vozarrón de George van den Broek, la alma máter de Yellow Days, dejó sin palabras al público. A la altura de grandes figuras crooner, su jangle pop bañado de soul y blues deleitó a una sala que estaba hasta la bandera. El grupo disfrutó de la actuación, que regaló temas de su EP Harmless Melodies, así como nuevos singles. Lo que no hay dudas es que el Primavera Club ha descubierto a un talento y, pese a que siempre le quedará la espina de las comparaciones, van den Broek tiene potencial para ser una de las grandes voces de los próximos años.

Yellow Days // Fotografía de Alba Rupérez

Y si Yellow Days era uno de los nombres más esperados, Amber Coffman no se quedaba atrás. A más de uno le sorprendió cuando la artista estadounidense admitió que el de Barcelona era el segundo concierto de su formación (tras el de Madrid la noche anterior). Quizás esto explica el concierto. Acompañada de una corista, un batería, una bajista y una teclista, la ex Dirty Projectors mostró un talento innegable pero también un gran espectro de mejora en cuanto al directo. El ritmo de la actuación fue lento, perjudicado por los tiempos de demora entre temas. Pese a ello es perdonable, y es que temas como No Coffee bien lo valen. Seguro que tras rodar más con la banda, cuando vuelva por Cataluña (¿Primavera Sound tal vez?), Amber Coffman no será la misma sobre el escenario.

Respecto a Vulk, es cierto que esta banda vasca con actitud chulesca en directo no ha inventado nada… pero qué bien se les da ese post-punk crudo y desgarrador que nos transporta a otra época. Hipnótico Andoni, cuyos movimientos parecían más propios de un ring: golpes de pecho y bailes al nivel del mismísimo Samuel T. Herring. Concierto corto, de unos 30 minutos, pero que fue tan directo como un puñetazo en la cara.

Gabriel Garzón-Montano consiguió recrear la sensación de concierto íntimo en la sala Apolo, gracias a una sencilla puesta en escena compuesta por él y un piano (además de los bajos sintéticos). Procuró mostrarse cercano al público, aunque a veces este parecía distraído y no acompañó cuando el músico pidió coros. El artista neoyorquino brilló sobre todo en dos momentos: con Keep On Running de fondo mientras una bola de discoteca iluminaba toda la sala y cuando se marcó una cumbia que encantó a la par que sorprendió.

DOMINGO

El domingo también se despertaba con los conciertos matutinos del Centre Cultural Albareda. El festival siguió la máxima de “el cliente siempre tiene la razón” e instaló varias moquetas para que el público pudiese sentarse durante los conciertos. Acierto total, ya que Marina Herlop invitó a ello. Allí sola en el escenario, acompañada de su piano, su bella voz hipnotizó a los asistentes. Música con un aire clasicista y letras que no necesitan ser entendidas, ya que Marina Herlop empleó el lenguaje de los sentimientos durante su actuación. Tanto público del Primavera como turistas curiosos se guardaron las ganas de aplaudir durante los 40 minutos de concierto para soltar una gran ovación al final.

RAKTA es un trío brasileño de post-punk que no dejó a casi nadie sentado en la sala, pues la potencia que mostraron sobre el escenario no daba a lugar. Con un sonido agresivo, consiguieron recrear una atmósfera atrapante. La sala se llenó de luz roja, sin duda intencionado, pues rojo el significado de la palabra rakta en sánscrito.

Finalmente, por la tarde llegaría el fin de fiesta en la sala Apolo. Happy Meals llegaron desde Glasgow con una música más similar al pop influenciado por el disco y el french touch. La cantante Suzanne Rodden llevó el peso de la actuación ante un público algo alicaído (lo que tiene la última jornada de un festival).

Low Island convencieron al público con un sonido más cercano al art rock. Y es que una banda que es comparada con Radiohead sí o sí gustará en el Primavera. Gran solidez sobre el escenario en que fue el primer concierto de la banda en el extranjero, siendo impecables a nivel técnico. Seguro que darán que hablar en el futuro.

Cocaine Piss // Fotografía de Alba Rupérez

Si Starcrawler sorprendieron unos días atrás en el festival, Cocaine Piss no se quedaron atrás. El grupo punk liderado por Aurélie Poppins se mostró irreverente, en un concierto caótico en el que la cantante no dudó en bajarse entre el público casi sin aliento.

Y para terminar llegaría la formación con más expectativas del Primavera Club: Superorganism. Sería difícil hablar de este grupo liderado por la adolescente Orono (aunque parezca una niña) con sus gafas 3D junto a una banda colorida vestida con chubasqueros. Gran importancia a la puesta en escena, la banda acompañó sus potentes efectos visuales con música electro-pop llena de toques psicodélicos. Superorganism será una banda que dará que hablar durante el próximo año, aunque es una incógnita cómo conseguirá evolucionar.

Autor: Iván (@TotFinder)