Crónicas

La Fira Trovam consolida su propuesta en Castellón

La Fira Trovam – Pro Weekend ha celebrado su séptima edición en Castellón. Con alrededor de sesenta conciertos, la Fira ha congregado a más de 15.000 asistentes y 500 profesionales del sector musical, teniendo como centro el Auditori de la ciudad entre distintos escenarios. El pistoletazo de salida se dio con la presentación del jueves 7 de noviembre, llevada a cargo por Armand Llàcer (gerente del Trovam), Vicent Marzà (Conseller d’Educació, Cultura i Esport en la Generalitat Valenciana), Verònica Ruiz (regidora de Cultura en el Ayuntamiento de Castellón) y Joan Gregori Maria (director de la Fira Valenciana de la Música). En la presentación se hizo especial hincapié en la importancia de la Fira para convertir a Castellón en el centro neurálgico de la música valenciana. Armand Llàcer también destacó la consolidación del Trovam en su tercera edición con gran apoyo institucional. Por su parte, Vicent Marzà reafirmó el apoyó de la Generalitat a la Fira y a la búsqueda de una mayor profesionalización del sector. Asimismo, destacó el aumento de más del 50% en ayudas al sector de la música en los últimos presupuestos aprobados.

Tras la primera rueda de prensa comenzaron tres jornadas de charlas, speed-meetings, showcases y conciertos. Uno de los reclamos más curiosos de la jornada del jueves fue el de Tarta Relena. El dúo formado por Marta Torrella y Helena Ros tuvo la mala suerte de ir programado en el Escenari Turia del patio el jueves por la noche, por lo que su propuesta vocal tuvo al viento como acompañante. A pesar de ello, Tarta Relena convencieron a los asistentes que se acercaron hasta allí con su particular propuesta arraigada en la canción tradicional mediterránea. Presentaron su EP Ora pro nobis (2019) junto a temas que vendrán incluidos en su próximo trabajo. Las voces de ambas intérpretes se complementan de una forma óptima en directo, dando una mayor ímpetu a unas canciones ya de por sí formidables. Las bases electrónicas, que fueron copando mayor protagonismo conforme avanzó el concierto, suman un mayor efectismo a la hora de crear un ambiente personal y mirífico. Eso sí, una cosa quedó clara, un directo de este estilo requiere un espacio acorde a ello.

A últimas horas de la noche, el Pub Terra sería el protagonista de los últimos conciertos de la jornada. AA Mamá (antiguamente conocidos como Estúpido Flanders) bañó una sala aún a medio gas con su indie folk cercano y acústico. Acústico por accidente, pues tal y como detallaron Carmen Alarcón y Pablo García durante el concierto, el batería no pudo asistir. Pese al murmullo constante entre los asistentes (cabe destacar que la sala es un pub como tal y gratuito), el dúo sacó su mejor estado de ánimo y consiguieron imponerse por momentos, como en la creciente Volver a Casa. Más fácil lo tuvieron Side Chick con su glam-punk-rock. No solo por una sala más llena y atenta, sino también por su directo más ruidoso y eléctrico. El trío formado por la estadounidense Maïa Vidal (voz y bajo), la catalana Scarlett (guitarra, teclado y voz) y el venezolano Eduardo Benatar (batería) funciona muy bien. Sobre todo el dúo femenino, que consiguen contagiar su carisma magnético y frenético. Su debut homónimo agradó a los asistentes e incluso se atrevieron con una versión de uno de los referentes de la banda: el Cherry Bomb de The Runaways.

El viernes se celebraba uno de los platos fuertes del festival dentro de la programación profesional. Se trataba de la charla del periodista Carles Gàmez con la artista Luz Casal. La cantante y compositora gallega dio un extenso repaso a su carrera, referentes e incluso se mojó sobre la música actual. Destacó la importancia de Mari Trini en su obra, llegando a hacerle un homenaje en su último trabajo con la canción Que Corra el Aire. Hablando de sus referencias especificó que desde su infancia ha estado rodeada de música. Destacó la Radio Montecarlo, que le sirvió para llegar a la música anglosajona, y a artistas como Janis Joplin, Juliette Gréco, Ellis Regina o incluso Camarón de la Isla. También repasó sus colaboraciones con Almodóvar y tuvo buenas palabras para dos de las últimas sensaciones del momento: Rosalía y Billie Eilish. Asimismo, recalcó el buen momento actual para las voces femeninas.

Mounqup – Fotografía de Celia Barnert

Respecto a los conciertos, arrancó la tarde con las valencianas Lisasinson. A pesar de tener solo un tema compartido, Barakaldo, han conseguido llamar la atención con su sonido que se mueve entre el pop y el indie-rock garajero. Demostraron que tienen repertorio para rato y una actitud enérgica que va más allá de lo que han compartido en estudio. Se sobrepusieron al viento que hizo en el Escenari Turia, que incluso llegó a tumbar un platillo, y evidenciaron que su futuro inmediato es prometedor. En el mismo escenario, pero ya con el sol puesto, fue el turno de Mounqup. Este es el proyecto de la artista francesa afincada en Galicia, Camille Hédouin, que presentó su peculiar e innovadora “electrónica vocal rural”. Con una voz que recordaba indudablemente a Björk, sus temas presentaban pinceladas de referentes como Animal Collective o Tune-Yards. Y aunque Camille se mostró activa, su directo viró desde momentos gélidos hasta instantes que podrían dar paso a una rave. Más cálidos y confortables fueron Egosex en la Màgic Box. El trío de Barcelona exploró la senda del baile y de la transmisión de emociones con su “Trance Jungle Blues”. Con una cuidada estética y puesta en escena, el profundo canto de Wekaforé Jibril invitaba a dejarse llevar en un viaje de emociones, mientras que los ritmos más dance de temas como Fever Big Fish incitaban al baile.

Egosex – Fotografía de Celia Barnert

El principal concierto de la jornada se celebraría en la Sala Sinfónica del Auditori. El crecimiento de La Plata en apenas dos año ha sido espectacular, sobre todo en Valencia, donde se ha convertido en toda una banda de culto. Esto explica la invasión que se vio de jóvenes venidos desde la capital (aunque también de Castellón) ocupando el pasillo entre la primera fila y el escenario de la sala. El quinteto se transformó en sexteto por la lesión en el brazo izquierdo de Diego, cantante y guitarrista de la formación. A la guitarra le sustituyó Andrés, del grupo Mausoelo y amigo de la banda. Como viene a ser costumbre en sus conciertos, La Plata consiguió recrear una atmósfera oscura que se vio envuelta tanto por ese pop desenfrenado tan característico de Desorden (2019) como por su sonido más siniestro, pulcro y post-punk de su reciente EP 01 03 2019 (2019). El grupo repasó su discografía completa, incluyendo su personal versión de Detrás de la mirada de Décima Víctima y Soberanos, canción incluida en la DEMO de Mausoleo, con la que sorprendieron al público. Pese a la limitación que supuso que Andrés sustituyese a una semana vista a Diego, sobre todo por los peculiares punteos de guitarra que aporta este, el resultado fue más que correcto. Parte de ello es la energía que desprende una banda que se conoce y sabe aprovechar sus virtudes, donde cada una de las partes explota lo mejor de sí. Mención especial a Diego como frontman. Esta vez centrado, en vez de en un lateral, derrochó personalidad y fiereza, actuando al nivel de iconos como Eduardo Benavente. Sin duda, los que estuvimos allí presenciamos uno de esos conciertos que hacen historia y son difíciles de repetir.

La Plata – Fotografía de Celia Barnert

La noche la cerraría Baiuca, proyecto del productor Alejandro Guillán. Con una propuesta muy visual, se presentó en formato dúo con su mesa de mezclas. Los sonidos house, techno o global bass se entremezclaron con el folclore gallego, tanto a base de cánticos pregrabados como de instrumentos (flautas y conchas) que el mismo Alejandro interpretó. La facilidad con la que el productor consigue hacer sonar bien esta mezcla es tan pasmosa que de ahí radica la genialidad de su música. Gran acierto su programación para poner a bailar a los últimos asistentes de la jornada.

El sábado fue el día con mayor asistencia en el Auditori de la ciudad. La tarde empezaría con la actuación del trío madrileño No Crafts en un Escenari Turia con poco público. Presentaron los temas de su último trabajo, Heartburn (2018), con un directo tímido, pero bien ejecutado, y un sonido indie rock con matices garajeros y surferos que recuerdan a bandas que van desde Vampire Weekend a los primeros Wavves. Tras ellos llegaría el turno de los gaditanos Smokers Die Young. El trío ensordeció la sala Màgic Box con un intenso rock alternativo con momentos más cercanos al screamo o el punk americano. Su concierto estuvo marcado por su indudable energía y su forzada pose, que convencieron al público presente. Por su parte, Ghost Transmission ofrecieron un recital de denso shoegaze bajo luces rojas. El trío de Xàtiva ofrecieron un concierto que fue creciendo conforme avanzaba, con multitud de capas de distorsión y noise que bien podría recordar a grupos como The Jesus and Mary Chain. Y de vuelta a la Mágic Box, Claim empezaron a notar el lleno del auditorio con una mayor asistencia de público que en los conciertos anteriores. El grupo murciano (con la presencia del castellonense Gon Magaña a la guitarra) mostraron un directo sencillo y personal, con un sonido indie-pop muy accesible.

Baiuca – Fotografía de Celia Barnert

Una de las grandes sorpresas de la noche fue la enorme cantidad de gente en el bolo de los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba en la Màgic Box. La sala estaba cerca de desbordarse, con muchos fans y curiosos que querían ver el primer concierto del grupo en Castellón. La banda sevillana dio un concierto que fue de menos a más, creciéndose con el calor de la gente que había ido hasta allí. Dandy Piranha demostró que es uno de los frontman del momento, con una hipnótica presencia y una voz portentosa. El resto de la banda supo aupar al público, buscando en todo momento los gritos y palmas de estos. Temas como The New Gizz Aliento de Dragón fueron muy coreados. La única nota discordante fue el fallo del pedal durante la Nana del Caballo Grande, su particular versión del tema de Camarón. Pese a ello, consiguieron salir adelante regalando la acústica Somnium Igni (Part I) y continuando después con la misma versión. Cerraron por todo lo alto con El Salto del Gitano, piedra central de la kinkidelia y con la que acabaron de conquistar al público.

Derby Motoreta’s Burrito Kachimba – Fotografía de Celia Barnert

Tras ello, un gran afluente de gente llenó casi por completo la Sala Cambra para uno de los conciertos más “exclusivos” de la edición: el de Lisabö. El grupo de Irún apenas han programado un puñado de conciertos para este 2019, presentando su último trabajo, Eta edertasunaren lorratzetan biluztu ginen (2018). Quitando los problemas eléctricos del principio, lo más destacable de su directo es su portentoso sonido y su casi perfecta sincronización. La banda funciona como una máquina simétrica de seis miembros, con unas baterías que arrollan todo a su paso y unas guitarras y bajos que acaban de culminar una atmósfera post-rock que danza entre el caos y el orden. El grupo consiguió contagiar de su energía a un público que les brindó una soberana ovación.

Finalmente, el principal reclamo de la edición fue el concierto de León Benavente, que prácticamente llenó la Sala Sinfónica del Auditori en su primer concierto en la ciudad. Con prácticamente todo el público de las primeras filas de pie (y también parte del anfiteatro y la platea), el cuarteto liderado por el frenético Abraham Boba mostró todo su potencial en directo. Presentaron los temas de su último disco, Vamos a volvernos locos (2019), pero también clásicos de su joven trayectoria como Ánimo, Valiente La Ribera. Pese a que la banda tiene pocos años de recorrido, la experiencia de sus músicos les ha servido para crear una sólida discografía que ha ganado muchísimos adeptos. Además, tal y como demostraron en su concierto del Trovam, su eléctrico directo lleva al público a darlo todo y no parar de saltar, cantar y bailar. Cerraron la actuación con un bis que incluyó temas como La Canción del dañoSer Brigada Gloria, con un Boba desbordado que acabó entre el público en puro éxtasis de fin de fiesta.

León Benavente – Fotografía de Celia Barnert