Crónicas

Truenorayo Fest 2018: una tormenta de arte

La ciudad de Valencia amanecía el 19 de octubre bajo la amenaza de una de las gotas frías más importantes de los últimos años. Y aunque la climatología vaciló durante todo el día, la verdad es que la única gran tormenta que se desató durante el fin de semana fue la que provocó el Truenorayo Fest en La Mutant.

Convertido en un festival de referencia de otoño, el Truenorayo ya ha dejado atrás aquella época que parece lejana en el Puerto de Sagunto. La organización ha madurado y con ella el festival. No obstante, el espíritu sigue siendo el mismo: trabajo duro, empoderamiento femenino y amor por el arte, la escena underground y el DIY.

La quinta edición del festival arrancaba el viernes con una afluencia no muy elevada, y más en comparación a la jornada siguiente. Entre la amenaza de lluvia y el gran reclamo del sábado hizo que el el primer día se pudiese ver bastante vacía La Mutant durante los conciertos. No obstante, el buen ambiente tanto en la sala como en el patio exterior invitaba a disfrutar de los conciertos de la jornada, entre los que habían varios repetidores.

Un grupo que volvía 3 años después al festival era Black Islands. Al igual que el propio Truenorayo, la banda catalana ha madurado en este periodo de tiempo tal y como han sabido plasmar en Disco Nuevo (2018), su último trabajo que presentaron en directo. En esta transformación, el grupo ha tocado la tecla correcta al pasarse al castellano, cosa que ya tantearon en su debut con aquel Benicàssim ’97. El concierto, que puede resumirse en arrollador, estuvo totalmente impregnado de capas de distorsión que alcanzaron su climax en el cierre. Mientras que temas como Reino Animal Juventud Perdida conseguían enganchar más fácilmente con su ritmo pegadizo, en otros como Chaquetas de Entretiempo funcionaban como imanes magnéticos a base de guitarrazos al más puro estilo Lee Ranalado. Además, la banda se marchó celebrando y alentado a la asistencia de conciertos, un recordatorio más que necesario en eventos tan cuidados como este.

Black Islands

Una propuesta bien diferente era la de Jump To The Moon. El joven quinteto no ocultó en ningún momento sus influencias con ese sonido indie pop tan bailable que recuerda a algunas de las bandas salidas durante los últimos años de las islas británicas. Es más, estas influencias quedaron más que patentes versionando a dos de los grupos más característicos de este estilo: The 1975 (Robbers) y Catfish and the Bottlemen (7). Aún así, la banda tuvo tiempo para presentar temas de su primer álbum, Sxty (2018), consiguiendo mover a un tímido público que se dejó llevar por las melodías y la portentosa voz de Lara. Desde Where I’ve Been hasta 2 A.M. el grupo mostró seriedad sobre el escenario (a excepción del momento “rockstar” de Sergio a la guitarra), demostrando claras intenciones de aspirar a más. Como se suele decir en estos casos, si este grupo hubiera salido en UK otro gallo cantaría.

El concierto más multitudinario de la jornada sería el de Sierra. El grupo madrileño presentaría en el Truenorayo su álbum debut, A Ninguna Parte (2017). A estas alturas, que un grupo esté bajo el manto de Sonido Muchacho ya es prácticamente sinónimo de calidad… y Sierra no se queda atrás. Puede que no tuviesen la energía de Black Islands o la vivacidad de Jump to the Moon, pero el grupo consiguió enganchar con sus melodías pegadizas y sus letras coreables. Nostalgia, luminosidad y, sobre todo, mucha actitud sobre el escenario, con destellos que recuerdan a los mejores The Cure. Tiene mucho mérito que un grupo consiga en apenas un año que una sala llena cante temas como Me destrozaré A Ninguna Parte, canciones que ya forman parte del la cultura popular nacional y que fueron celebradas y bailadas por un público extasiado en plena catarsis.

El viernes se cerraría con el concierto de otro de los repetidores: Axolotes Mexicanos. El grupo liderado Olaya Pedrayes junto a Lucas de la Iglesia, Carlos René, Mario del Valle y Juan Pedrayes (estos dos últimos también en Carolina Durante) fueron todo un terremoto sin descanso durante lo largo del concierto. Si hay una palabra para definir a Axolotes Mexicanos es diversión. Ya no solo por sus riffs frenéticos, sus golpes continuados de batería o las capas de autotune de Olaya; también por su actitud desenfadada y por su simpatía con el público. Quizá deberíamos dejar de lado los geniales comentarios de Olaya entre los temas: tanto para explicar el significado de las canciones, como para ponerse a hablar con el técnico de sonido, echar la bronca al grupo e incluso ponerse un poco dramática sobre el amor y las rupturas. Estos interludios sirvieron para frenar en cierta medida lo que sería un show que invitaba a bailar y saltar con temas tanto de Salu2 (2018) como de Holi <3 (2015). Y es que canciones como VagaFarmacia XXX se mezclaban con algunos de sus antiguos temas como Te Miro Mientras Duermes Disparo de Amor, canción que cerró de forma feliz la primera jornada del Truenorayo Fest.

En cuanto al sábado, el aumento del público se notó de forma considerable, tanto en la sala de La Mutant como en el exterior, donde incluso era difícil encontrar un sitio para sentarse. Uno de los conciertos destacados sería el de Melenas. El cuarteto ha conseguido en su debut homónimo (2017) crear un sonido característico que les ha valido para hacerse un hueco en la escena underground nacional. Con un pop enérgico, que en ocasiones parece beber del grrrl de los 90, el grupo formado por Oihana, Leire, María y Lauri fueron de menos a más, enseñando poco a poco temas de su debut como Mentiras, Sales o Cartel de Neón. Y aunque en algún momento pareció que la banda pudiese flaquear, al final el público se dejó encandilar por la gran actitud de las componentes sobre el escenario y por la dulzura de las canciones. Sin duda, un tremendo combo para dejarse llevar.

La nota internacional del festival lo puso la artista canadiense Julie Doiron. Acompañada de tres músicos y un taburete (donde alguna chuleta parece que había), Julie Doiron ofreció un concierto más intimista, donde el folk y el rock se entremezclaban. Así como el idioma, pues la artista mezcló inglés con castellano, ya que su paso por el Truenorayo formó parte de su gira por la península ibérica. Esta alternancia de idiomas se debe a que la cantante presentó su colección de entregas que forman el Julie Doiron canta en Español junto a otros temas de su extensa carrera. Su experiencia sobre los tableros se ve reflejada en el directo, donde una gran seriedad y profesionalidad prevalecen en todo momento. Incluso cuando los riffs de guitarra más desatados y viscerales se apoderaron de la sala como auténticos rugidos intensos.

Y si Black Islands y Axolotes Mexicano eran los que repetían en el festival durante la primera jornada, Terrier hacía lo mismo en la segunda. Después de su paso por la primera edición del festival, Terrier se mostraban fieles a su carácter desenfrenado pero presentando varios temas de su nuevo trabajo, Algo Para Romper (2018). Siempre dinámicos, junto a nuevos temas como La Constitución sonaron canciones más conocidas por el público como Estudio de arquitectura. Un concierto breve pero sin tregua, tal y como el público esperábamos de ellos.

El Truenorayo cerraría con uno de esos conciertos que dejan huella y que marcarán sin duda la historia del festival. Lejos del característico sonido underground del festival, la palabra que mejor define al espectáculo que Soleá Morente y Napoleón Solo dieron sobre el escenario es arte. Como un ejercicio de reinterpretación de los clásicos, Soleá Morente presentó su sobresaliente último trabajo, Ole Lorelei (2018), en un directo donde las raíces flamencas beben del pop contemporáneo, donde la voz de la cantante madrileña se complementa a la perfección con los rasgueos de guitarra de Alonso D. Carmona y donde la energía de la grandísima artista que es Soleá Morente se contagia a todo el público. En una primera parte más mesurada, Soleá Morente empezó a ganarse al público desde el primer minuto con temas como La Alondra Ya No Sólo Te Veo A Ti, tema estremecedor y que arrancó el aliento (y los aplausos) de los presentes. La segunda parte comenzaría tras un interludio donde Napoleón Solo se encargaron en solitario, junto a Rocío Morales, de poner a bailar al público con su pop más bailable al puro estilo La Casa Azul, donde de nuevo Alonso D. Carmona se llevaría el protagonismo. Tras ello, Soleá Morente volvería al escenario vestida con un look más flamenco para dar un final apoteósico que llegaría a su culmén con los temas Olelorelei Baila Conmigo, canción con la que el público se desinhibió totalmente para dejarse llevar en un momento mágico de música y baile.

Soleá Morente

Y con este final, que dejó a todos los asistentes más que satisfechos, el Truenorayo despidió su quinta edición, la cual parece haberse erigido como un punto de inflexión en lo que será su futuro. Sabiendo que seguirán apostando por sus señas de identidad, nos queda la duda de cómo seguirá evolucionando un festival que se ha ganado a pulso su hueco en Valencia.

Fotografías de FestFurz